La Campana de Latón — Capítulo 2

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Capítulo dos: Comienza la expedición

“Francisco Vásquez de Coronado era un conquistador español que exploró  la parte suroeste de los Estados Unidos (en) 1540-1542, en búsqueda de las Siete Ciudades de Oro. Llevaba con él cientos de españoles, nativos, monjes y esclavos”.
– Coronado y las Ciudades de Oro

A la mañana siguiente, Félix saltó de la cama y se vistió rápidamente.

“Voy a pasar el día en la casa de Héctor”, le dijo a la abuela. “Tal vez me quede a la noche también”, agregó con su boca llena de churros de canela.

“De acuerdo Félix, pero ten cuidado”, dijo la abuela. Félix se preguntó si ella se había dado cuenta de su cargada mochila esperando junto a la puerta. “Aquí hay algunos bocadillos, en caso de necesidad”, dijo guiñando su ojo. Si, definitivamente ¡ella lo sabía!

Félix salió por la puerta, buscando en su bolsa de comida. Había en ella numerosos bocadillos, frutas, tentempiés y los favoritos de Félix: regaliz.

Karol estaba esperando en la escalinata de la escuela con una mochila tan cargada como la de su amigo. “¿Félix, estas listo?”

“¡Hey, ustedes dos!” dijo Héctor sorprendiéndolos mientras saltaba la valla de concreto al costado de la escalinata.

Desenrollando su mapa, Héctor les mostró entusiasmado los lugares donde deberían comer y descansar. Una enorme X marcaba el perfecto lugar del tesoro, localizado en el pueblo cercano de Gallinas.

“Bueno, – entonces ¿en qué dirección?, preguntó Félix ansioso.

“Mis primos viven en Gallinas y siempre tomamos la Autopista 54 para ir a visitarlos”, sugirió Karol.

“¡Ese es el camino mas largo!”, interrumpió Héctor. “Vamos a la calle Main donde se une con el camino del condado. ¡Ese camino es una opción directa a Gallinas y nos ahorraremos horas de viaje! Héctor y Karol miraron a Félix en espera de una decisión.

“Ahorrar tiempo suena bien”, consideró Félix, no completamente seguro de que debería escuchar a Héctor. Los tres exploradores comenzaron a caminar a través del poblado, pasando las pocas tiendas que se encontraban en la calle Main. Cuando alcanzaron la intersección de la calle Main y el camino rural, todos tuvieron dudas.

“Aquí estamos –el punto de no retorno”, dijo Félix en voz muy baja.
“Deja de hacerte el bebé”, dijo Héctor, dando un empujón a Félix.

Félix se encaminó hacia la senda del condado. Mientras lo hacía, sentía una especie de excitación al imaginarse a sí mismo viajando por la selva virgen que Coronado había explorado. Karol y Héctor se le unieron inmediatamente en el camino de pedruscos sin pavimentar.

Luego de varias millas en quietud. Karol finalmente rompió el silencio. “¡Traje carne seca y una mezcla de nueces con trozos de chocolate!”.

“Yo tengo bocadillos de mantequilla de maní y mermelada, regaliz y frutas”, dijo Félix con orgullo. Pero cualquiera que conociera a Félix podría haber adivinado que tendría regaliz en su bolsa, debido a su prolongada obsesión con el dulce de tiras enroscadas.

“¡Y yo traje una pizza congelada!”, dijo Héctor buscando su bolsa para mostrar la caja parcialmente descongelada. 

“¿Y exactamente dónde planeas encontrar un horno en este lugar, Héctor?, se rió Félix.

“¡Ríete ahora Félix, pero pronto me estarás pidiendo una porción!”,  dijo Héctor, poniendo la pizza descongelada en su bolsa mientras continuaba caminando.

De repente, el camino rural terminó: ni señal de pare, ni curva o intersección. Los tres se detuvieron al borde de rocas, arena y gramilla.

“¡Oh, perfecto – ahora estamos perdidos!”, Karol trataba de sonar más enojada que asustada.

“¡No se preocupen!”, dijo Héctor señalando hacia el oeste. “Si nos dirigimos en esa dirección, eventualmente nos encontraremos con la Autopista 54”.

“De acuerdo, vamos”, dijo Félix caminando sobre la superficie rocosa. “Aquí está comenzando a hacer calor”.

“Vayamos hacia esas piedras grandes y almorcemos”, sugirió Héctor.

“Algunas de esas rocas parecen un poco peligrosas”, comenzó a decir Karol pero sólo pudo emitir parte de la oración antes de que Félix resbalara.

“¿Hey, te encuentras bien?”, preguntó Héctor a Félix, quien ahora se encontraba en el suelo caído de espaldas.

“Sí, estoy bien”, dijo Félix con una mueca de dolor. Pero no estaba bien. Le dolía su tobillo, que de inmediato comenzó a inflamarse.

“¿Qué…qué es eso?”, dijo Héctor mientras se bamboleaba de adelante hacia atrás.

“Siéntate Héctor, antes de que te desmayes”, le ordenó Karol. “Tengo vendajes en mi equipo de primeros auxilios. Déjame que te vende eso, Félix”.

“Gracias Karol. Creo que debemos comer el almuerzo aquí en este lugar”, dijo Félix, compartiendo sus raciones con sus amigos.

Luego de devorar el almuerzo, Héctor estaba listo para seguir adelante. Recogieron la basura y continuaron con su caminata.

“¿Deberíamos hacer una siesta?”, preguntó Karol.

“¡No, los exploradores deben superar el dolor, vámonos!” Félix se puso de pie para demostrar que se encontraba lo suficientemente fuerte para seguir caminando.

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Escrita por Cathy Sewell e ilustrada por Blaise Sewell de The Curriculum Closet

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